Las úlceras por presión (UPP), también conocidas como escaras o llagas de decúbito, son lesiones en la piel y tejidos subyacentes que aparecen por una presión prolongada sobre la piel. Estas lesiones afectan comúnmente a personas con movilidad reducida, especialmente aquellas que pasan mucho tiempo en cama o en una silla de ruedas. Aunque pueden parecer un problema menor al principio, su evolución puede ser grave, con complicaciones como infecciones profundas, dolor intenso e incluso riesgo de muerte.
La buena noticia es que la mayoría de las úlceras por presión son prevenibles. La clave está en la detección temprana, los cuidados constantes y el trabajo en equipo, tanto de profesionales de la salud como de cuidadores y familiares.

¿Qué son las UPP y por qué se producen?

Las UPP se originan cuando una zona del cuerpo está sometida a una presión constante contra una superficie, como un colchón, una silla o una férula. Esta presión impide que la sangre fluya adecuadamente a los tejidos, lo que puede provocar la muerte celular y la aparición de una lesión.
Las zonas más comunes donde se forman son aquellas donde el hueso está más cerca de la piel: talones, codos, coxis, sacro, omóplatos y parte posterior de la cabeza.

Factores de riesgo

• Movilidad reducida
• Incontinencia urinaria o fecal (humedad en la piel)
• Desnutrición o deshidratación
• Enfermedades crónicas como diabetes, EPOC o enfermedades neurológicas
• Edad avanzada, por la fragilidad de la piel
• Uso de dispositivos médicos (oxígeno, férulas, catéteres)

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Clasificación de las UPP

Las úlceras se clasifican en 4 estadios, desde lesiones superficiales hasta daños profundos:

  • Estadio I: Enrojecimiento persistente sin pérdida de piel.
  • Estadio II: Pérdida parcial de la piel, con apariencia de abrasión o ampolla.
  • Estadio III: Lesión profunda que puede afectar tejido subcutáneo.
  • Estadio IV: Daño extenso que puede llegar a músculos, huesos y tendones.

Prevenir la aparición de estas lesiones es mucho más eficaz y menos doloroso que tratarlas una vez han aparecido.

Estrategias de prevención:

La prevención de las úlceras por presión requiere un enfoque integral y constante.

1. Movilización frecuente

Cambiar de posición regularmente es la medida más eficaz para prevenir UPP. Se recomienda:

  • En pacientes encamados: cambios posturales cada 2 horas
  • En pacientes en silla de ruedas: cambios posturales cada 15-30 minutos

El uso de tablas de rotación o un esquema de movilización ayuda a mantener una rutina y a evitar que se repita la presión sobre las mismas zonas.

2. Inspección diaria de la piel

Revisar la piel todos los días permite detectar zonas de enrojecimiento, calor, humedad o cualquier signo temprano de daño. Las zonas de apoyo deben ser observadas minuciosamente.
Un enrojecimiento que no desaparece al presionar la zona puede ser el primer signo de una UPP en estadio I.

3. Cuidado de la piel

Mantener la piel limpia y seca es fundamental. Algunas recomendaciones:

  • Utilizar jabones suaves, sin perfume ni alcohol
  • Evitar frotar la piel con fuerza al secar
  • Aplicar cremas hidratantes específicas para piel frágil
  • Usar cremas barrera en pacientes con incontinencia

La humedad constante por sudor, orina o heces macera la piel y la hace más vulnerable.

4. Uso de superficies especiales

Colchones y cojines antiescaras son aliados clave en la prevención. Existen diferentes tipos:

  • Colchones de aire alternante: reducen la presión al cambiar zonas de contacto.
  • Cojines de gel o espuma viscoelástica: ideales para sillas de ruedas.
  • Talones suspendidos: almohadas o soportes que evitan el contacto directo con la cama.

Estos dispositivos deben ser revisados y ajustados.

5. Nutrición e hidratación adecuadas

La piel necesita nutrientes para mantenerse saludable. Una dieta rica en:

  • Proteínas
  • Vitaminas A, C y E
  • Zinc y hierro
  • Agua suficiente diariamente

Favorece la regeneración celular y la resistencia del tejido cutáneo. Si el paciente no puede alimentarse bien por vía oral, puede requerir suplementos nutricionales bajo supervisión médica.

6. Educación al cuidador y al paciente

La formación del cuidador es clave. Deben aprender a:

  • Detectar signos tempranos de daño en la piel
  • Realizar movilizaciones seguras
  • Aplicar cuidados de higiene adecuados
  • Utilizar correctamente los dispositivos antiescaras

El paciente, en la medida de lo posible, también debe ser parte activa del proceso

Conclusión

Las úlceras por presión son una complicación grave, dolorosa y costosa, pero altamente evitable. Invertir tiempo y recursos en su prevención no solo mejora la calidad de vida del paciente, sino que también reduce la carga sobre los sistemas de salud y los cuidadores.
La clave está en el cuidado diario, la observación atenta y el compromiso de todos los involucrados. La piel es un órgano vital que merece atención, y cada acción preventiva es una inversión en dignidad, salud y bienestar.

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