El habla infantilizada es una de las formas en las que el edadismo se manifiesta, siendo algo recurrente cuando se habla de personas mayores. Elevar el tono de voz; usar frases simples, cortas y poco complejas; o emplear términos exageradamente cariñosos (cariño, cielo, amor, etc)

¿Por qué se infantiliza a las personas mayores?

Infantilizar a las personas mayores es un fenómeno social que imptica tratarlas como si fueran niños, negándoles su autonomía, capacidades y dignidad. Este comportamiento refleja actitudes profundamente arraigadas en el edadismo, una forma de discriminación que se basa en la edad y que afecta, sobre todo, a las personas mayores.

Consecuencias de la infantilización en las personas mayores

Al infantilizar a las personas mayores, se les priva de su derecho a tomar decisiones propias, a expresar sus opiniones y a ser tratadas con el respeto que merecen como individuos adultos. Se les hace sentir incapaces o ineptos, incluso cuando, en muchos casos, siguen siendo plenamente competentes y con gran experiencia de vida. Este tipo de trato no solo es condescendiente, sino que también puede resultar perjudicial para su salud mental y emocional, ya que puede generarles una sensación de inutilidad y desesperanza.

El edadismo y su impacto en la sociedad

El edadismo, por otro lado, se manifiesta cuando se asume que todas las personas mayores son frágiles, dependientes y menos capaces, basándose solo en su edad y no en sus circunstancias personales. Es una forma de
discriminación que reduce a las personas a un solo aspecto de su identidad: su edad. Esto no solo es injusto, sino que también oculta la realidad de que las personas mayores son seres humanos complejos, con intereses, deseos y habilidades diversas, que deben ser tratados con el mismo respeto y dignidad que cualquier otra persona.

Además, al infantilizar a las personas mayores, se refuerzan estereotipos negativos y limitantes sobre la vejez. La sociedad a menudo glorifica la juventud y la vitalidad, mientras que, al mismo tiempo, disminuye el valor de las personas mayores, considerándolas menos valiosas o productivas. Esto contribuye a la invisibilización de este grupo, que no solo es vital en términos de su contribución social, sino también en lo que respecta a su capacidad de enseñarnos sobre la vida, la sabiduría y las experiencias.

Ejemplos de infantilización en la vida cotidiana

Uso de un tono excesivamente suave o condescendiente: Hablarles como si no pudieran entender o comprender lo que se les está diciendo, usando frases como «¿Cómo estás, mi amor?» o ‘Ay, pobrecito, te ayudo?», Este tipo de lenguaje puede hacer que la persona se sienta menos capaz.

Tomar decisiones por ellos sin consultarlos: Suposiciones sobre lo que una persona mayor necesita sin preguntar su opinión, como elegir por ellos la comida, las actividades, o decisiones importantes de su vida

Exceso de discapacidad: Por ejemplo, cuando una persona mayor quiere hacer algo pero se le impide porque se supone que no puede hacerlo. Se les puede decir «No, tú no puedes salir solo» o «Deja que lo haga yo, es peligroso para ti».

Llamarlos «niños» o «abuelitos» de manera constante: Si bien no está mal referirse a los mayores con cariño, hacerlo de manera excesiva o en contextos donde se les quiere mostrar como menores puede ser una forma de infantilización

Rompiendo el mito de que las personas mayores son «como niños»

La idea de que las personas mayores son “como niños” es erronea y reduccionista. Aunque es cierto que algunas personas pueden necesitar ayuda o cuidados en determinadas circunstancias, esto no les resta valor ni autonomía. Es fundamental reconocer y respetar la diversidad de capacidades y deseos dentro del grupo de personas mayores, evitando caer en la generalización y el paternalismo.

Es necesario cambiar nuestra perspectiva social y cultural sobre la vejez. Debemos dejar de infantilizar a Ias personas mayores y empezar a verlas como lo que son: individuos con una vida rica en experiencias, habilidades y potencial. En lugar de tratar de protegerlas o cuidarlas «como si fueran niños», debemos fomentar una sociedad más inclusiva, que les ofrezca las oportunidades y el respeto que merecen para vivir su vejez de manera digna y autónoma. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad que valore a todas las personas por igual, independientemente de su edad.

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