Cuando hablamos de demencia, solemos centrarnos en los aspectos cognitivos: la pérdida de memoria, la desorientación, las dificultades para comunicarse… Sin embargo, hay otro ámbito igual de importante que a menudo pasa desapercibido: la movilidad y la actividad motora; y es que, mantener el movimiento en personas con demencia no solo es posible, sino fundamental para su bienestar.

A pesar del deterioro cognitivo, muchas personas con demencia conservan habilidades motoras automáticas: caminar, sentarse, levantarse o incluso bailar. Estas acciones forman parte de lo que se conoce como “memoria procedimental”, un tipo de memoria que suele preservarse durante más tiempo. Esto significa que, aunque no recuerden el nombre del ejercicio, su cuerpo sí recuerda cómo hacerlo.

Trabajar el movimiento en este contexto no busca la perfección técnica, sino estimular el cuerpo, mantener la funcionalidad y, sobre todo, generar sensaciones positivas. Un paseo, una coreografía sencilla o una rutina de ejercicios suaves pueden activar músculos, mejorar la circulación, favorecer el equilibrio y, además, despertar sonrisas.

Beneficios del ejercicio

La actividad motora no solo mejora la movilidad, sino que también tiene efectos muy positivos a nivel emocional y conductual. Algunos beneficios son:

  • Reducción del riesgo de caídas. Fortaleciendo músculos y mejorando el equilibrio.
  • Mejora del estado de ánimo. El ejercicio libera endorfinas y ayuda a reducir la ansiedad y la apatía.
  • Mantenimiento de la autonomía. Conservar la capacidad de caminar, levantarse o agarrar objetos repercute directamente en la independencia personal.
  • Fomento del vínculo social. Las actividades en grupo crean oportunidades para la interacción y el afecto, algo fundamental en personas que a menudo viven en una realidad confusa o solitaria.

ejercicios para la demencia

Individualización

Cada persona vive la demencia de una forma distinta, y por eso es fundamental que la actividad física se adapte a sus capacidades, necesidades y estado emocional en cada momento. No buscamos imponer rutinas ni marcar objetivos rígidos, sino ofrecer un acompañamiento respetuoso y flexible. Hay días en los que el cuerpo responde con más energía, y otros en los que simplemente moverse un poco ya es un logro. Ambos escenarios son válidos.

Es fundamental crear un entorno cálido, estimulante y libre de presiones, en el que cada pequeño gesto sea valorado. Recursos como la música, materiales cotidianos (pelotas, aros…) o juegos tradicionales pueden ser grandes aliados para despertar recuerdos, favorecer la participación y convertir el movimiento en una experiencia agradable. Siempre deben respetarse el ritmo de cada persona: algunas se sienten cómodas con actividades más dinámicas, mientras que otras prefieren estiramientos suaves o ejercicios desde la silla. Lo esencial no es cuánto se mueve el cuerpo, sino cómo se vive ese momento de actividad.

El papel de la familia y los cuidadores

El trabajo en el centro de día es solo una parte del proceso. La implicación de las familias y cuidadores es clave para fomentar la actividad motora también en casa. No es necesario disponer un gimnasio ni seguir rutinas complejas. Pequeños gestos como dar un paseo, poner música y bailar, o hacer partícipe a la persona en las tareas del hogar (doblar la ropa, poner la mesa…), son formas de mantener el cuerpo en movimiento y, al mismo tiempo, reforzar el vínculo afectivo.

Resumen

La demencia no debe ser sinónimo de inmovilidad. Al contrario: el movimiento es una gran herramienta para mejorar la calidad de vida y conectar con uno mismo y con los demás. Desde la fisioterapia, acompañamos ese proceso con respeto, cariño y compromiso.

Preguntas frecuentes

¿Qué tipo de ejercicios son recomendables para personas con demencia?
Ejercicios suaves y adaptados: caminatas, estiramientos, movimientos rítmicos con música, ejercicios en silla, actividades con objetos cotidianos.

¿Por qué es importante la actividad física en personas con demencia?
Porque contribuye a mantener la movilidad, reducir el riesgo de caídas, mejorar el estado de ánimo, fomentar la autonomía y facilitar la interacción social.

¿Con qué frecuencia deberían realizarse actividades motoras?
Idealmente a diario, adaptando la intensidad y duración al estado físico y emocional de cada persona.

¿Se puede hacer ejercicio con demencia avanzada?
Sí, siempre que se adapte a las capacidades de la persona. Incluso gestos simples o movimientos guiados pueden aportar beneficios.

¿Qué papel tienen los familiares y cuidadores?
Son fundamentales. Su implicación permite que el movimiento sea parte de la vida cotidiana, reforzando además el vínculo afectivo.

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